Escrito por: Marta Vallés Felip.
La moda y el arte a lo largo de la historia siempre han ido de la mano. Se podría decir que para los diseñadores las prendas no son solo telas, sino lienzos donde plasmar su visión artística.

Las corrientes artísticas siempre han jugado un papel fundamental en la moda, con una clara influencia en las tendencias del momento según el entorno social y artístico del momento.
La moda siempre ha existido, pero comenzó a desarrollarse con más fuerza a partir del siglo XV, cuando el comercio crecía y las clases altas buscaban imitar a la nobleza. En ese mismo momento surgía en Italia el Renacimiento, uno de los periodos artísticos más influyentes de Europa, que también dejó su huella en la forma de vestir.

En España, durante el reinado de Felipe II, la moda siguió las tendencias europeas: desaparecieron los escotes y aparecieron elementos tan característicos como las gorgueras de encaje, los tonos dorados y plateados y el guardainfante, que ampliaba el volumen de la cadera. Un buen ejemplo de este estilo puede verse en el cuadro Retrato de una joven dama con rosario de Peter Paul Rubens.

En el siglo XVIII, la moda se trasladó a París, que se consolidó como la gran capital del estilo. El lujo y el glamour de la época pueden imaginarse fácilmente pensando en Palacio de Versalles.

Con el siglo XIX, la moda comenzó a reflejar también los cambios sociales, especialmente el deseo de libertad de las mujeres. Un ejemplo curioso aparece en la pintura Amazona de frente de Édouard Manet, que anticipa una prenda revolucionaria para la época: los bloomers, una especie de falda-pantalón que generó bastante polémica.
La llegada de la Primera Guerra Mundial aceleró aún más el cambio. Con la incorporación de la mujer al trabajo y el progreso tecnológico, la moda empezó a evolucionar rápidamente. En ese contexto destacaron dos grandes figuras: Coco Chanel y Elsa Schiaparelli, quienes revolucionaron la manera de vestir y se movían dentro de los círculos artísticos de su tiempo.
Los años 20 también fueron clave gracias al estilo Art Decó. Fue la época de grandes diseñadores como Jeanne Lanvin, Paul Poiret o Jeanne Paquin, junto a ilustradores de moda como George Barbier.
Con el tiempo, las colaboraciones entre artistas y diseñadores se hicieron cada vez más frecuentes. Un ejemplo icónico es el Lobster Dress, creado en 1937 por Elsa Schiaparelli junto al artista surrealista Salvador Dalí.

En 1965, Yves Saint Laurent volvió a unir moda y arte con su famosa colección inspirada en las obras del pintor Piet Mondrian.

Hoy en día este vínculo sigue muy presente en un momento en que esta relación es mas fluida y dinámica. Con colaboraciones entre artistas y diseñadores que dan lugar a colecciones únicas e innovadoras que redefinen una vez mas los límites de esta industria.